miércoles, 12 de febrero de 2014

EL PÁJARO HERIDO



 

En algún lugar del mundo más cercano, existe  arremolinados cientos y cientos de pájaros Huyuk que se pasan el tiempo piando y piando.  A veces su canto es monótono y otras es divertido, puede ser pesado o cadencioso a excepción de unos pocos que aunque son de la misma familia no participan con ella y se apartan del resto considerándose especiales por su melodía original.

Panai es de un plumaje oscuro, tan oscuro que ese color le llega hasta lo más profundo de su diminuto ser. Es una oscuridad que él y otros de su mismo género portan dentro de sí y no saben por qué. Esta forma de actuar, pensar y piar les hace daño.

No se sabe cuando Panai  perdió la fe en los otros pájaros, no creía en nada ni en nadie. Tal vez, cuando aún estaba en el nido, sus progenitores no fueron muy pródigos en afecto o por el contrario le dieron demasiados caprichos, mejores ramas, mejores gusanos, sin hacer nada por ganarse los premios que le pudieran dar. Todo esto es hipotético, por eso empieza la frase diciendo “tal vez”. La falta de verdadero amor produce en el mundo de las aves un dolor y un vacío insoportables. Con el tiempo su plumaje se vuelve cada vez más y más oscuro.

Panai pía unos trinos como nadie, uno de sus logros es el de crear belleza en sus tonos, pero el problema es que no lo sabe.

Panai es un pájaro herido y su herida sangra haciendo que su trino sea especial. Pero no por ser especial significa que triunfará en sus propósitos. Es algo complicado.

Panai lo quiere todo, lo más preciado del mundo, el amor, para él sólo. No busca respuestas pues no se hace preguntas. No importa hacia dónde dirija sus negros ojos, lo que ve lo quiere, lo exige, como un polluelo que grita a su madre que quiere comida. Con esa necesidad de correspondencia en sus peticiones. Cuando no lo consigue, la frustración lo convierte en  un ave déspota.

En ocasiones cree estar por encima de todos. Su originalidad en vez de sociabilizarle le separa de los otros. Y Panai sufre. Si le dicen “bien” el se siente fuerte y si le dicen “mal” se hunde en la miseria.

En ese lugar del mundo cercano siempre hay una vieja sabelotodo ¡cómo no! ¡Faltaría más!

Lo cierto es que ya le propuso la vieja que no se puede vivir a merced de las ideas de otros. Que buscara dentro de sí  haciéndose preguntas y respondiéndose honestamente aunque duela. Conseguiría con el tiempo ser capaz de perdonar para poder avanzar hacia sus sueños. Su fuerza es su mente creadora. Teniendo en cuenta que la misma mente que esclaviza, también libera. Si llegara a ser consciente de su vuelo interno el color de su plumaje cambiaría.

Pase lo que pase los pájaros Huyuk siguen cantando en  libertad.
 
 

5 comentarios:

  1. Buena analogía para dar a entender los problemas de una exclusividad mal llevada. también me parece acertada la consideración sobre la importancia de la educación familiar como modulador de la personalidad.
    Muchas gracias Yolanda, como siempre muy bien escrito y de postre una reflexión.

    Saludos.

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    1. Jajaja este postre de debe sin duda a ciertas lecturas sobre el ego. Me alegra que te haya gustado y tu opinión acertada. Gracias a ti por comentar.
      Un abrazo

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  2. Bonita fábula, Yolanda. Los humanos tenemos mucho que aprender de los consejos que la vieja sabelotodo dió a Panai :)

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    1. Bueno, se puede opinar y escribir sobre estos temas. Es fácil dar consejos y ponerlos en voz de una viejita, pero las cosas son más complicadas.
      Un abrazo

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