domingo, 21 de junio de 2015

UN KIOSCO DE FLORES

Aunque para un poeta es difícil soportar el olvido, las apreciaciones siempre llegan como una sorpresa. Porque el trabajo de un poeta en realidad no es ningún trabajo; Es un resultado de su propia vida. Es como la expresión de amor de una amante, algo de lo cual jamás espera alabanzas, porque sencillamente se trata de algo vital para él.

                                                                      RABINDRANATH TAGORE
 
 
 
 
Y… ¿qué puedo hacer  yo?

Tal vez, escribir sobre lo que no entiendo.

Alguien me preguntó una vez -¿Quieres seguirme?

Contesté que no.

Prometió que pintaría los amaneceres para mí. Me regalaría después de cada desayuno la poesía de los Upanishads. Descifraría, los secretos del Universo. Me traería, en pequeñas dosis, las conversaciones de los filósofos más sabios, para que con ellas, confeccionase una historia para regalar al mundo.

Pero yo dije que no.

No quiso entender y siguió prometiendo. Después de un tiempo las atenciones y regalos fueron disminuyendo de volumen e intensidad.

-Mira nena- me dijo. –Sólo soy un humilde trabajador con mucha imaginación. Un artista loco, con el corazón ahíto de preguntas y de besos que te quiero dar.

Pero yo dije que no.

Se entristeció sumamente y aquello me dolió.

Y… ¿Qué puedo hacer yo?

Tal vez, narrar lo que no comprendo.
 
 

-Dime, ¿qué sientes?- Por fin preguntó.

-No sé si es un sentimiento o una percepción pero…admiro la belleza de tus gestos, tus palabras, tu valentía arrojándote así, a un abismo de silencio. Porque eso soy yo, un abismo de silencio. Un punto en el espacio y el tiempo con significado propio. Tengo rostro y cuerpo y una vida que no voy a cambiar porque no es necesario.

Agotado por tanto escapismo, se fue sin decir nada, dejó de pronunciar mi nombre. Me sentí mal por no poder ofrecerle un poco de felicidad aunque hubiera sido a costa de mentir. Inventar, recrear situaciones y sentimientos que no tengo. Y por no mentir soy un abismo de silencio.

Y… ¿Qué podría hacer yo?

Construí un kiosco de flores. Cada flor tiene un nombre y una pequeña historia detrás. Hay quién las coge, las compra y se las guarda para sí. Hay quién las admira, pero no las toca. Hay quién se queda con su aroma o disfrutando de sus vivos colores.  Hay quién pasa de largo y ni le interesa. Hay quién regatea por su verdadero valor. Hay quién quiere llevarse hasta la dependienta.

Desde el abismo de silencio, todas estas señales son de agradecer, pues entre palabras y gestos se construyen puentes y mundos llenos de vida.

Y… ¡Qué le voy a hacer!
 
 

 

11 comentarios:

  1. Me gusta el kiosco, el "no" cuando ha de ser "no", el abismo de silencio que, aunque abismo, es a la vez altura. Como en el poema de Vicente Aleixandre: "Águilas como abismos, como montes altísimos". Me quedo en el kiosco para que cada flor me cuente su historia.

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    1. Gracias por este maravilloso comentario y por quedarte en el kiosco. Vicente es uno de mis poetas favoritos.
      Un abrazo Carmen.

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  2. Una bellísima entrada!!!!!
    Me quedo sin palabras....mecgustan mucho las tuyas...
    Qué disfrutes de las pequeñas y hermosas cosas que te cuenten las flores del kiosco :)

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    1. Espero que así sea, que me sigan contando cosas. Gracias por pasar y comentar.
      Un saludo.

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  3. Mi comentario es un silencio, un silencio de admiración a tan bello relato..
    Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias Suni por tan bello comentario.
      Un abrazo

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Sencillamente precioso, Yolanda :)
    La sinceridad, aunque está tan bien vista, no siempre es fácil. Hay que ser valiente para no ceder a una mentira más cómoda y amable.
    Un abrazo!

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  6. Estoy de acuerdo contigo Julia. Gracias por pasar y comentar.
    Un abrazo!

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  7. Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Juan Manuel.
      Un saludo.

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