domingo, 22 de noviembre de 2015

CAZADORES Y PRESAS


 
 
 
       Sintió unas enormes ganas de cruzar a la otra orilla y no volver jamás. El rey se dirigió a sus soldados:
       -Quemaréis mi cuerpo en una pira. La encenderéis y la empujaréis al agua con mi cuerpo yerto. Mi alma volará tras el águila de luz, y desde el otro lado, no miraré atrás. No dejaré lugar para el inútil anhelo.

El marqués cerró el libro y lo devolvió a la estantería que contenía las novelas de Historia. El anterior propietario del castillo, dejó en herencia a su hijo todas sus tierras y bienes. Los campesinos de allí decían que estaban malditos, él y la fortaleza porque esquilmaron toda vida en el bosque con cruentas cacerías.

La noche se echó encima, cubriendo su semblante, su mermada vida, hasta la bata de seda que lo vestía. Pensaba en Elsa, la  poeta que fue su esposa, amiga, confidente, amante. Una extraña locura se la llevó. Tenía raptos de llanto que alternaba con una risa maléfica que helaba los huesos. No dejaba que la lavaran, no consentía que la dieran de comer. Señalaba su cuello y decía que lo tenía lleno de sangre. Pero nadie veía nada. En una de esas fases eufóricas gritó:

-¡Ellos vendrán, ellos vendrán!

-¿Quiénes son ellos? Preguntaba asustado su esposo,  marqués de Piedras Frías.

-¡Ellos levantarán un muro entre nosotros! -Insistía Elsa con desesperación.

Creía ver su sangre derramada. Después callaba y su mirada se perdía. El mejor doctor de la comarca no sabía curarla. El marqués impotente se descomponía de dolor día tras día. Hasta que ella falleció.

“Todo fue a consecuencia de aquel día de caza -pensó- inexplicablemente se perdió en el bosque. Un lugar que ella conocía. Cuando la encontramos tenía fiebre, los ojos desorbitados y se agarraba el cuello hasta dejar la piel roja. Recitaba los versos de una canción: Hay libertad desde dentro y desde fuera…”

Volvió a sentarse en la butaca, al calor de la chimenea que tenía esculpido su escudo de armas. Cogió su copa de vino y la alzó en un brindis hacia las cabezas disecadas de jabalíes, ciervos, muflones, que colgaban de la pared.

-Vosotros habéis ganado. Os habéis vengado en ella.¡ Deberíais venir a por mí! - Gritó enfadado

Una puerta se cerró a sus espaldas. “El mayordomo” –pensó.

-Esta vez quiero que ganéis, llevadme pues. Mis amigos poetas con los que tantas veces me deleité leyendo sus versos, me pidieron que escribiera, para mitigar mi pena. 
Las bestias me acompañarán esta noche y me clavarán sus colmillos.
Pero antes os he de decir, que un aliento frío sopla en mi nuca,
quiero congelarme, es mi deseo.
Hay una complacencia en esto, una necesidad de parar la rueda.
 No más reencarnaciones.                                                                                                               
Estoy aquí, mas no os pertenezco, ni a vosotros, ni a  la vida.
 Y digo, ¡Nunca más!                                                            
 Os escribo desde el abatimiento, queridos poetas, yo os respeto y valoro, mas no pidáis, amigos
míos, que de un Sol apagado broten llamas. Todo tiene un principio y un final.

Ya noto que las dentelladas me desgarran el alma. Elsa, preciosa Elsa, derribaré el muro que tú veías. Vendrán a por mí. El frío atenaza mis piernas, me agarrota la mano. Sólo deseo descansar…
 
 

Soltó una pluma imaginaria, un papel imaginario. Reposó la cabeza en el sillón y vio como los ojos del jabalí se encendían y tomaban cuerpo las piezas de caza. Esta vez no huiría. No quiso moverse. Deseó que la primera dentellada le rompiera la yugular.

 
 
 

11 comentarios:

  1. Un anhelo que da paso a la locura. Que arma tan poderosa para la muerte pues son incontables las formas que tiene para adquirir esas valiosas almas. En este caso, asediado por un jabalí.

    Me ha gustado el relato Yolanda ¡sigue igual de creativa o incluso más!

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    1. Me alegra que te haya gustado. Gracias por dejar tu comentario y por los buenos deseos.
      Un saludo

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  2. Muy buen relato, Yolanda. Está lleno de misterio, por momentos resulta inquietante y el argumento resulta muy original. Parece que las bestias finalmente se cobraron su deuda de vidas...

    Un abrazo!!

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    1. Eso parece, las bestias se vengan en los dos.
      Me alegra que te guste el relato y que comentes.
      Un abrazo Julia

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  3. Es casi poètico, lo dusfrutè mucho y la imagen que le has puesto lo ilustra muy bien.

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    1. Muchas gracias Arethusa. Me alegra que lo hayas disfrutado.
      Un saludo.

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  4. El cazador cazado, aunque va mucho más allá, por supuesto. Los remordimientos acaban por devorarlo hasta el punto de acabar con su cordura y matarlo. Una narración casi onírica que te lleva a lo largo de sus letras de una forma suave y poética.
    Saludos, Yolanda.

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    1. Muchas gracias, Ricardo, por este comentario. Me alegra que te haya gustado su perfil poético dramático.
      Saludos amigo!

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