lunes, 23 de mayo de 2016

EL VACIO EN LA ESCRITURA








Vacuidad: Traducción aproximada de la palabra sánscrita shunyata y del término tibetano tongpa-nyi, un espacio o un trasfondo infinitamente abierto que permite  que cualquier cosa pueda aparecer, cambiar, desaparecer o reaparecer.

La vacuidad o el vacío en occidente o en nuestro idioma, se asocia a una nada dolorosa, que solemos identificar cuando alguien, a quién amamos, nos ha dejado, ya sea de forma voluntaria o porque la vida llegó a su fin. Cuando los hijos se van de casa, dejan tras de sí, un gran vacío.  Relaciones personales que se continúan en el tiempo a pesar de que ya no “llenan nada” como si fuera obligado continuar etc. Todo esto es apego.

Muy pocas veces, por no decir ninguna, nos quedamos a contemplar ese vacío, ese dolor. Se hace insoportable y lo sustituimos por dios sabe qué, para amortiguar o apartar dicho dolor. Es lógico y muy humano.

Como la carta de la muerte en el Tarot, el final de una etapa, no significa el final de nuestra existencia, sino un comienzo, un shunyata donde cualquier cosa puede suceder. No creo que el efecto sea inmediato, pero con paciencia, algo en nosotros puede cambiar, cualquier cosa puede surgir…
Si escuchamos  este tongpa-nyi, utilizando la escritura, para dejar salir, lo que mantenemos oculto. Isak Dinesen hizo suyas estas palabras: “En el arte no hay misterio. Haz las cosas que puedas ver, ellas te mostrarán lo que no puedes ver”

Se puede interpretar como: las palabras te mostrarán lo que no puedes entender de ti mismo. Escribe las cosas que surjan. Este tipo de escritura a la que me refiero, no es un acto racional, es aquella en la que se empieza por una simple palabra y no se detiene en poner acentos, ni comas, ni mayúsculas, ni en buscarle un sentido a cada frase que escribimos. Es como una tormenta de letras que empieza y acaba cuando la persona cree que ha terminado. No hablo de arte, aunque puede salir de forma inconsciente, pues es algo inherente a las personas.

Después de acabado el torrente de palabras, uno puede coger su escrito y hacer con él lo que quiera. Ya sea tirarlo, guardarlo, usarlo para un relato y compartirlo  o quemarlo si con ello se siente mejor.


María Zambrano decía: “No se escribe ciertamente por necesidades literarias, sino por necesidad que la vida tiene de expresarse” Y aunque ella habla de confesión, creo que esta idea es perfectamente aplicable a una escritura compulsiva que nos ayude a que la vida se exprese, nuestra vida interior. Creo que es una buena forma de conocerse.
Y así, nuestra vacuidad, nuestro vacío ya no será un inmenso infinito que angustia, una soledad perenne, será sencillamente algo que nos acompañe sin que por ello sea nuestro enemigo. Lentamente dejará de existir de forma incómoda para mostrarnos esa otra realidad desconocida.

2 comentarios:

  1. Es muy interesante la respuesta que das a la pregunta de ¿por qué escribir? desde luego en las antípodas de la que da, por ejemplo el escritor Eduardo Mendoza "Nunca me he planteado esa pregunta. No lo sé". O una de las de Antonio Muñoz Molina " En la escuela se me daban bien las redacciones". Sí, la escritura nos puede ayudar a rellenar la vacuidad en la que todos más o menos, tarde o temprano, a ratos o de manera continua nos encontramos. Y también esa misma escritura al intentar explicarnos la realidad del mundo que nos rodea también de manera delicada nos ayude a entendernos a nosotros mismos.

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  2. Me quedo con la respuesta de Muñoz Molina aunque mi nombre no tiene su caché.Agradezco tu comentario que también me parece interesante.
    Un saludo Juan Manuel.

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