miércoles, 9 de noviembre de 2016

EN AQUEL VERANO

                                                    

                …Parejas borrosas se unían bajo la lluvia de                                                                                                                oscuridad de los olmos con follaje de pleno verano.
                                                                    LAS OLAS  V. WOOLF


        Querida Virginia Woolf,
  Tú dirías: –“busquemos la historia”. Yo pienso que es mejor encontrar al personaje y encastrarlo en una historia. Pero he aquí que el personaje ya estaba y vino a mí en forma de recuerdo. Sí, un personaje que relucía en verano para dejar de existir el resto del año.
        Mi suegra, mi muy querida y odiada suegra.
       Era el mes de julio, la boda de mi cuñada estaba próxima. La historia transcurre en un solo día, a tu manera querida Woolf, pero sin tu talento, ni tu prosa poética, sin esa caída de la hoja en otoño que casi roza el rostro del lector y que imagina cayendo al suelo en silencio. Tú dirías: –“¡nárranos esa historia!”.
       Una mañana de un tórrido verano quedamos mi suegra y yo para comprar no sé qué cosas a mi cuñada. Yo estaba embarazada de siete meses y medio y mis piernas eran dos remos de una galera romana. Después de saludarnos poniendo la mejilla y sin beso (no fuéramos a contagiarnos algo) emprendimos viaje en autobús al Corteinglés de Goya. ¡Cómo no! En la sección de novias vimos trajes blancos, verdaderas joyas de la costura, aunque no sé para qué, pues su hija ya tenía vestido hacía meses. Ella, no paraba de sacarle defectos a cada  uno de ellos. -”Como la seda salvaje no hay nada, es lo más caro ¿sabes?” Asentía con la cabeza porque en esos momentos nada de lo que yo hubiera dicho le hubiera entrado en su cabeza. -“Fíjate qué pedrería, mira este volante, aquel escote, este es un mamarracho ¡qué feo!”- Sus ojos desprendían chispas, sus manos lo sobaban todo, corría las perchas con tal compulsividad que hasta la dependienta vino corriendo a ofrecernos su ayuda con cara de espanto. Mi suegra me cogió de la mano y salimos de allí por las escaleras mecánicas. El calor la afectaba de una manera extraña. Hacía que hablara y hablara sin interrupción. –“¿Sabes que mi hija se va a ir a Cancún de viaje de novios?”. -“No”-, contesté. -“Va a tener más suerte que tú, pues se puede pagar el viaje sin problemas. Siempre será mejor que no salir de la península”- Dijo sonriendo.”Qué suerte la suya” pensé.
        Continuamos por toda la calle Goya hasta llegar a Serrano. Anduvimos hacia arriba y hacia abajo viendo una serie de escaparates de grandes modistos. Aquello era inasequible para nosotras. La observaba a través del cristal y veía en ella una especie de posesión diabólica.-“Mira, eso de ahí es organdí, aquello es seda, esto un traje de cóctel, bueno a ti te da igual porque sólo llevarás a la boda un trajecillo de embarazada y tampoco te puedes costear nada de esto.” En esos momentos hice intención de ponerle la zancadilla para que se rompiera los dientes contra el suelo, pero fallé. Como en una ocasión que hice tropezar a…bueno eso es otra historia y si sigo, querida Virginia,  no lo aprobarías.
      -“Tendrías que pasear más por aquí ¿ves que bien vestida va la gente? Pero da igual, por más que te esfuerces tú…”- Fue la única vez que interrumpió una frase para mirarme de arriba abajo con desprecio.
       Me estaba hartando. Para no escupirla como lo haría Estela Reynolds en la comedia La que se avecina y salir al paso de esta desagradable compañía le dije que me iba a tomar algo, ya era hora de comer y se me estaba bajando el azúcar. El sol quemaba, se colaba a través de los espacios vacíos, entre las hojas de los árboles. No había a penas una sombra donde cobijarnos. Fingí un mareo. En un restaurante de comida rápida de la zona fui derecha a buscar a asiento. La hice cargar con las bandejas de comida. Hacer un poco de lacaya no le vendría mal.


        Durante la comida, ya sin haber ropa delante de sus ojos, solamente una mísera ensalada comenzó a desvariar sobre las maravillas del verano. Las mejores experiencias de su vida fueron en verano, la playa, sus amores, las fiestas, los bailes, la muerte de su marido. –“Me hizo un gran favor muriéndose, era un estorbo. Yo en verano vuelvo a la vida”. Y eso que ella es capricornio. “Mi no entender nada” pensé, mientras degustaba una hamburguesa con queso. Mi bebé me dio unas pataditas y eso me hizo sentirme muy feliz por un instante. Dejó de molestarme su monólogo. Y del verano pasó al invierno de su infancia, el hambre, las enfermedades, la miseria que pasó durante años hasta que conoció a su difunto marido, el padre de mi marido y mi cuñada. No lo llegué a conocer. Los ojos se le encendían como candelas mientras hablaba, robó ropa, mintió siempre, manipuló a su novio hasta hacerle creer que la chica con la que él salía  estaba liada con otro. Lo engañó y consiguió casarse con él.-”Porque le necesitaba para mis fines, pero en realidad yo no soy de nadie”-. Empecé a sentir arcadas, me recordó algunos actos nefastos que tuve que ejecutar. Le pedí, por favor, que me trajera una tónica. Al regresar a la mesa con la bebida en la mano la noté distinta, como asustada. Había caído en la cuenta de  haber hablado demasiado. Me agarró fuerte del brazo y casi suplicando me pidió que no le contara nada  a su hijo.-“El calor del verano, a veces, también me suelta la lengua”-. “No hace falta que lo jures” pensé. Mi bebé me dio unas pataditas ligeras en el vientre quizá para recordarme los secretos que tan profundamente tengo guardados y que no podré contar jamás a mi criatura. Di gracias al cielo de que el calor no afectara mi cerebro.
          Eran las cinco de la tarde. El sol quemaba tanto como ella. Los escaparates parecían espejismos en el desierto. El asfalto se derretía en la distancia. Goya, Alcalá, Ventas, vuelta a Manuel Becerra. Todo el camino hablando y haciéndome de menos. Todo lo que la luz tocaba adquiría fanática existencia. (Esta frase es tuya, Virginia). Por fin entramos en una tienda de lencería donde vendían las medias que su hija necesitaba para la boda. Fue lo único que compramos en todo el día. Tantas horas andando que pensé que quería hacerme parir antes de tiempo. Ella estaba como una rosa.
       Durante el camino de vuelta en autobús, cuando el sol se hundía tras los edificios y lo doraba todo, me salió un suspiro de cansancio. Ella me miró, pero no me preguntó cómo me encontraba. Siguió despotricando contra su familia, hermanos, primos, sobrinos etc. No dejó títere con cabeza. Me ayudó a tomar una decisión: nunca jamás volveré a quedar con ella en lo que me restara de vida.
       La boda no estuvo mal. Ella parecía la protagonista y mi cuñada quedó arrinconada. Al novio no pareció importarle demasiado la poca participación de su esposa pues estaba deslumbrado con la belleza de mi suegra.
       En Septiembre di a luz a mi hija, una criatura preciosa. Cuando la cogí para amamantarla se borró todo mi oscuro pasado. Ella es el mejor regalo de mi vida, mi mayor alegría. Mientras tanto el frío se venía encima y mi suegra, ya sin brillo en la mirada, volvía a su rutina de zombi. Fue en el siguiente verano cuando resurgió de sus cenizas, esta vez para decirme que yo como madre no valía un pimiento. Me ayudó a tomar otra decisión, tendría que empezar a amenazarla con contarle todo su pasado a su hijo si seguía perdiéndome el respeto.
 La extorsión dio buen resultado, ahora somos buenas amigas.

Querida Virginia Woolf que estás en el cielo de los escritores, esta es la historia, estos son los personajes. No he sabido encontrarles poesía en sus gestos ni en el ambiente en el que se desenvolvieron en aquel verano. Seguiré envidiando tu talento.
                                                                                           Tu más ferviente admiradora,  
                                                                                                            La nuera.



VIRGINIA WOOLF




4 comentarios:

  1. Un relato estupendo, Yolanda. Era realmente odiosa esa "suegra", pero al fin tu protagonista encontró la forma de cortarle las alas y ponerla en su sitio :)) Me ha gustado mucho.

    ¡Un abrazo!

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    1. Muchas gracias Julia. Me alegra que te haya gustado.
      Un abrazo

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  2. Me ha gustado mucho tu relato :) Hay que ver estas suegras... pero bueno, al final siempre la persona acaba poniéndose en su lugar e imponiéndose.
    Un beso!

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    1. Así es Raquel hay que imponerse a la falta de respeto y esta nuera lo consiguió.
      Gracias por comentar.
      Un beso.

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