lunes, 15 de mayo de 2017

Carta a mi madre.



GERANIO


      Sólo hace ocho meses que ya no estás aquí, parece que fue ayer cuando dejaste este mundo nuestro.
Todavía no he podido mirar tu retrato durante más de un minuto sin echarme  a llorar.
Como duele tu ausencia mi querida madre.
 Trato de mirar atrás y recordar cuando apoyaba mi cabecita de niña en tu pecho y tú, cansada me bajabas de tus piernas y me decías, -"Ya no puedo contigo, pesas mucho."
Sí, seguramente era una pesada en todos los sentidos.

Recuerdo aquella vez que mi hermano, el mayor, te dio el gran disgusto y   te vi llorar, te he visto tantas veces llorar que aún no sé si alguna vez fuiste feliz. Te dije que te quería y tú me apartaste de tu lado con una mirada furiosa.  Una vez que estábamos de broma, me soltaste a quemarropa que cuando te quedaste embarazada de mi hiciste todo lo posible por abortar, pero se ve que  me agarré fuerte a la vida. Y salí, y te vencí, porque si no querida madre quién hubiera cuidado de ti durante todos estos años. Quién se hubiera preocupado de tu bienestar cuando caíste enferma y te hiciste dependiente. Todos tus hijos, mis cinco hermanos salieron huyendo. La realidad era demasiado espantosa.

Nunca supiste nada de mi vida, no tuve ocasión de contártela, mientras tu cabeza andaba preocupada por tus hijos varones. Las mujeres,¡que más  da!se casaron y tuvieron hijos y hasta es posible que comieran perdices.

Asistí a todas y cada una de tus recaídas, hospitales, médicos, trabajadoras sociales etc. y lo peor de todo el muro que era mi padre, tu marido, el ser más intratable de la tierra.
Pero las cosas no son tan sencillas. Tu último año, cuando por fin abandonaste las garras de mi padre fue totalmente diferente. Te dio tiempo hasta de enamorarte de un chico joven que te trataba con cariño,  parecías una adolescente de catorce años. Te sonrojabas y escondías tu risa con tu mano.  Y me di cuenta que sólo necesitamos que nos amen para sobrevivir, y amar para vivir.

Ya estabas con la cabeza perdida y casi no te entraba nada. Pero en los últimos meses  te vi reír más que nunca. Cuando por efecto de la edad tus neuronas no daban de sí y te ibas haciendo cada vez más niña.

Cuando ingresaste en el hospital por última vez no imaginé que te perdería para siempre, que ya no te pintaría los labios, que ya no podría darte crema por todo el cuerpo, que ya no te peinaría que ya no me dirías esas expresiones infantiles, inocentes que me hacían reír.  Te volviste cada vez más exigente, necesitada, más impaciente, más indefensa, más inocente.
Y te acompañé hasta tu último aliento mamá. No sabes las veces que te visto morir en mi cabeza.

Abrí la ventana de la habitación y lloré amargamente, tu alma debía volar a su nuevo destino.
Espero que el próximo sea mejor que el que tuviste junto a mi padre.

 Fuiste una madre con la que sufrí mucho durante muchos años, pero yo te quería con todos tus defectos y virtudes. No sé, si hubieses estado bien habrías hecho tú lo mismo por mi. No lo sé, y no pude comprobarlo. Pero te doy las gracias por todo, porque siendo como fuiste, tuve la suerte de no volverme loca y superar mis miedos. Aunque esté mal decirlo, tu muerte me ha devuelto la vida, aunque te sigo echando horriblemente de menos. Te quiero.


Aquí te dejo estas flores...


PENSAMIENTOS
UN TIPO DE FLOR QUE TE ENCANTABA.

6 comentarios:

  1. Una carta muy dura, de ti para tu madre. Pero sólo tú sabes cómo era cuando te criaba. PEro como una hija cumpliste con tu deber de hija y la cuidaste bien y hasta el final. No te arrepientas de ellos, con eso ya tienes ganado el cielo. Eso me decía a mí cuando cuidé a la mía. Un abrazo

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  2. No me vienen las palabras, me brotan las lágrimas. Un abrazo más allá del abrazo y más allá del simple gesto de escribirlo.
    Recibe Yolanda toda mi simpatía.
    Patricia

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    1. Así de afectivo lo recibo, de corazón.
      Gracias, Patricia.

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  3. Una carta desgarradora, Yolanda. Solo el amor puede salvarnos de cada pequeña miseria de la vida y hacer que nos elevemos por sobre ellas para continuar adelante, pero qué duro es a veces...
    No sé si tu carta es verídica o ficción, pero realmente traspasa la pantalla y llega al corazón.
    ¡Un beso enorme!

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    1. Sí, sólo el amor, Julia. No suelo narrar cosas personales pero he de decir que esta carta es cien por cien real.
      Me ha servido de catarsis.
      Gracias amiga.
      Un beso grande para tí también.

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