lunes, 22 de julio de 2013

HISTORIAS, SON SÓLO HISTORIAS



 

Tantas veces le dijo  “no” que parecía que esa palabra tan corta, tan categórica, quizá fría y a  la vez protectora, no entraba en los obtusos oídos de Ryu. Mizuke que podía representar a todas las mujeres asiáticas o a ninguna, no desesperaba.

Al menos durante el tiempo que compartieron en el instituto ella  nunca le mintió.  Le repetía, “sólo son historias nada más, invenciones como los haiku”. Tan sólo unas poquitas eran verdad, pero no estaban inspiradas en él. Se sentía halagada por el interés que su compañero le demostraba sobre sus escritos. Pero a Ryu le costaba distinguir entre la paja y el trigo ya que tenía mucha imaginación y perseveraba en la intención de conocerla mejor. A Mizuke no le iba la vida en ello, se cansaba de tanta historia.  Le reiteró más de una vez que no mantendría ninguna relación con él, pues tendría que marcharse muy lejos. Ryu le insistió una vez más: “Te esperaré pacientemente”.  Y Mizuke, por enésima vez  le dijo “no hagas eso, perderás el tiempo” A él no pareció importarle ese “no” asertivo que ella le gritó.

Mientras escribía uno de sus poemas ella recordó las palabras de Morihei Ueshiba, maestro de Aikido.

“La mejor manera de enfrentarse a un adversario es convencerle de la inutilidad de sus gestos. El practicante de esta disciplina, muestra que su objetivo no es destruir sino construir su propia vida. Quién camina en dirección hacia su sueño busca la armonía y la comprensión antes que otra cosa. No le importa explicar miles de veces lo que desea hasta llegar a ser escuchado y entendido”

La armonía, sueño de músicos, místicos, poetas y personas con alma.

Mizuke pensó en recurrir al silencio, a la página en blanco y dejar que de ese fondo limpio surja  la luz para Ryu. Quizá un Koan le ayudaría a despertar. Quiza…
 
 
Jardín japonés
por
Yolanda Román


Las zarzas del seto

tienden sus brazos

de oración.
 
                                                    BASHÔ