domingo, 25 de octubre de 2015

¡CUIDADO NO OIGAS SU NOMBRE!


Hay ciertas historias a  las que no se les debe prestar oídos. Lo supe demasiado tarde.

Cuando oí  hablar de él, fue en una Ceremonia del Té. Alguien le nombró y yo escuché anonadado las tragedias que arrastraba tan funesto personaje. Fue un error.

Me enfrenté a Oni, en un  túnel. Algo se deslizó delante del parabrisas, me asusté, después una respiración sibilante en mi nuca. Todo fue oscuridad. Tenía veintiséis años, acababa de casarme con Tamae. Por suerte, no sé cómo,  pude escapar de él, mi compañero no.

 Otra vez, vino cuando tenía cincuenta y seis años. Mi prudente mujer me avisó: -No bebas Hiroshi, no te sienta bien. Pero en esos días  se cerraban los negocios con  sake en la mesa. Recuerdo aquella geisha. El estómago se me encoge al recordar la respiración sibilante en mi nuca mientras le hacía el amor a Michiko. Unos ojos ensangrentados me miraban asesinos. La oscuridad me devoró. El demonio Oni  quemó a Michiko.

Ahora tengo ochenta y seis años. Tamae ya no está. Estoy muerto de miedo, ya no me quedan fuerzas para defenderme. Cuando aparezca, me hundiré en su ponzoña, esta vez, acabará con mi sufrimiento.

                                  


PARA EL CONCURSO MICROCUENTOS DE TERROR "MICROTERROR IV"  DE "EL CÍRCULO DE ESCRITORES"

domingo, 4 de octubre de 2015

LA INVITADA





 

 

    Aquella no fue una noche de todos los Santos muy normal que dijéramos. Hoy guardo la sensación de haber estado en el círculo vicioso de Satanás y su séquito. Lo narraré en tercera persona porque creo ayudará a entender mejor de que va esta historia.

 

    La habían invitado a casa de una amiga que vivía a las afueras de la ciudad. El otoño estaba siendo seco y frío y las hojas de los árboles, esparcidas por el jardín, simulaban una alfombra roja y marrón, sangre y tierra que crujían bajo sus pies.

    Uno de los invitados de su amiga Esmeralda abrió la puerta. Apareció sonriendo y con el torso desnudo, en un acto puro de provocación carnal. “Pronto empezamos y aún no son ni las ocho” pensó Ginebra cuando cruzaba el umbral de la puerta para darle un beso en cada mejilla. Notó como el invitado la cogía fuerte del hombro.

-Hola, me llamo Velasco, Romeo Velasco ¿Y tú? Eres amiga de nuestra anfitriona ¿Verdad?

-Sí, soy Ginebra.- Dijo a secas.

-Pero... dame el abrigo. Pasa al salón Ginebra allí hay refrescos y cosas para picar.

    Le dio las gracias y justo en el pasillo salió a recibirla la dueña y señora de la casa vestida con atuendo negro transparente que dejaba ver hasta el ombligo. Se saludaron de forma cordial. Esmeralda miró detrás de la invitada y vio a Velasco semidesnudo. Su rostro cambió de la sonrisa al disgusto en décimas de segundo. Ginebra percibía un ambiente extraño y a pesar de ello siguió adelante.

    Todos estaban  en el salón más o menos disfrazados para la fiesta.  Saludó a  los invitados y comenzaron a charlar de todas las tonterías habidas y por haber en este tipo de reuniones.  Alguien le dijo que estaba muy guapa. En uno de esos momentos  levanta la mirada y observa que Velasco la está mirando a través de un visillo negro colgado en una de las ventanas que dan a la cocina. Se había puesto una camisa de seda negra. Acto seguido nota que Esmeralda la mira con cara de disgusto. Se puede masticar que está controlando los movimientos de Velasco. No puede consentirlo. Va hacia él invitándole a la cocina a preparar más canapés. El acepta, ahora ella es una de sus muchas amantes gustosas de caer en sus brazos.

    Un antiguo enamorado de Velasco se sintió molesto y quiso marcharse de allí. Ginebra  sabía que Jorge todavía seguía colgado de Velasco, aún no le había olvidado. Ella le convenció para que se quedase, pues iba a contar una historia de miedo que además fue real.  Todos callados escuchan a Ginebra relatar la vida de la princesa  Erzsébet Báthory , una mujer que se bañaba con la sangre de sus víctimas para seguir siendo joven. Cuando acabó de hablar sintió los ojos de Velasco que la desnudaban por dentro, la mirada de Esmeralda estupefacta en el gesto de Velasco y Jorge que está comprobando el juego del seductor.

Alguien pone música. Velasco le da la mano a Ginebra.

-Vamos a bailar un poco.

Ella accedió, hacía mucho que no bailaba, aunque AC-DC es más bien para saltar. En esos momentos se le cayó de las manos un vaso a Esmeralda y con un tono de desprecio Velasco le dijo que lo limpiara.

Jorge se acercó y le dijo a Velasco:

-Ahora estás con otra de tus víctimas.

-¿Qué dices Jorge?

-No le hagas caso, Ginebra, es un rencoroso.

Ella se apartó un tanto alterada. En ningún momento se sitió seducida, sino más bien asqueada.

     La escena era estúpida y burlesca. Esmeralda limpiando el suelo, mirándola con desprecio pues había bailado con su amor. Velasco riendo como un loco abrazando a Jorge y empujándole hacia la pared, le dio un beso de tornillo y le dijo que no  le permitía que le olvidara. Después cogió a Esmeralda, bailaba con ella metiéndole la mano por todos los lugares que pudo. Ella reía como poseída. Quiso besarle pero él se apartó de ella. Extendió la mano y volvió bailar con Ginebra. Entonces ella comprendió, le habían convertido en su rey. Allí todos se abrazaban, se escondían en las habitaciones, se besaban, se metían mano indiscriminadamente. La única que no lo estaba haciendo era Ginebra y el rey la necesitaba para engordar aún más su ego. Notó una mano firme en sus nalgas. Le soltó bruscamente y se sentó en el sofá.

    Esmeralda, Jorge, Velasco, la miraban sonriendo maléficamente, invitándola a formar parte de su infierno particular, donde nadie puede alcanzar la felicidad. Se levantó del sofá justo en el instante en que Velasco se abalanzaba sobre ella. Notó su aliento a vino. Salió del salón corriendo. Cuando buscaba el abrigo todos en grupo salieron tras ella extendiendo las manos como en una pesadilla.

-¡Quédate con nosotros! ¡Quédate!

Tartamudeando abrió la puerta de la calle y dijo una gazmoñería, algo así como ¡mañana te llamo Esmeralda!¡ Adiós!

 

       Hay que hacer caso de los instintos. Cuando algo te dice que donde tú estás hay un ambiente raro, es mejor que no te quedes.  Aunque bien pensado, si no hubiera entrado no habría podido contar esta historia.