lunes, 30 de noviembre de 2015

ENTRE CRÍTICA Y CONFESIÓN.



 

No se escribe ciertamente por necesidades literarias, sino por necesidad que la vida tiene de expresarse”
                                                     MARÍA ZAMBRANO.
                                             Género literario. La confesión.
 
Confieso que acabo de terminar de comer y antes de que me amargue el telediario (masoquismo) voy a escribir unas cuantas cosas que se me pasan por la cabeza a raíz de leer una entrada de nuestra compañera Julia C. que me ha hecho pensar. ¿En qué? Pensaréis y mi respuesta es, en las críticas y “me gusta” que doy y que recibo de Google +.
Confieso que parto de la idea de que no todo lo que leemos es digerible y no todo lo que escribimos es bueno, desde un punto de vista literario, y mi entendimiento en esto no es de una persona experta. Con lo cual a veces entreveo el lado formal y otras lo que emocionalmente me proporciona el texto.
Hay blogs de calidad, se nota por la forma de expresión, por lo ordenado de las ideas, por los temas escogidos etc. Estos no me resisto a leerlos.
Hay escritores y escritoras excelentes y a veces no tanto. La inspiración llega trabajando y a veces  explosiona en la cabeza cuando  menos te lo esperas. Lo mismo pasa a la hora de criticar otros textos. Hay veces que se está inspirado, se hace una crítica aceptable en un texto no muy bueno y sin embargo en uno estupendo quedarte sin palabras, no saber que decir (el cerebro no da para más) o simplemente decir cualquier cosa insulsa.
Hay veces que no he leído el texto y le doy a “me gusta” porque quiero leerlo más tarde, pues en ese momento no dispongo de tiempo. Como normalmente lo miro en el móvil, puedo tirarme tres horas buscándolo y no encontrarlo. Me conformo con haber marcado “me gusta” pues suelen ser títulos que me llaman la atención o compañeros que sé que lo hacen bien.
Este “me gusta” se puede interpretar de varias formas:
-          Me gusta pero no se decirte por qué.
-          Me gusta porque creo que lo haces bien. Siempre dentro de mis escasos conocimientos.
-          Me gusta, porque hay que apoyarse para no abandonar.
-          Me gusta porque no me disgusta.
-          Me gusta pero…la próxima vez te saldrá algo mejor.
-          Me gusta tanto que para no decir tonterías y quedar a la altura del betún, con darle al plus, creo que es suficiente. No así para el que lo hace estupendamente que seguro espera una buena crítica o una opinión.
Hay veces que soy incapaz de leer nada, pero lo que se dice nada. Bueno miento, si acaso el prospecto del medicamento, por lo de los efectos secundarios.
En cuanto a lo que recibo, de las personas que me siguen o que simplemente quieren que les siga sin que les importe tres pimientos lo que escribo, como le dije a Julia, hay que aceptarlo, lo bueno y lo menos bueno. Innumerables serán los estados de ánimo, motivos, prisas etc. A todos los que me siguen, les doy un gran abrazo desde aquí y unas emocionadas "GRACIAS".
Y para que esto parezca algo más serio dejo hablar a D.H.Lawrence  a quien la crítica experta no le gusta nada; ya sé que en su momento fue acusado de machista, pero eso, ahora no viene al caso.
 
Dice así:
         La crítica jamás podrá ser una ciencia: es, en primer lugar, excesivamente personal. En segundo lugar le importa a una serie de valores de los que hace caso omiso la ciencia.
La piedra angular es la emoción, no la razón (…) todas las florituras y pejigueras sobre el estilo y la forma, todas esas taxonomías pseudocientíficas, todo ese análisis de libros que no es sino mero remedo de las tendencias botánicas resultan meras impertinencias y por lo común, jerga impenetrable.


Pero si buscáis algo más sesudo, esto es, profesional, tenéis al catedrático José María Pozuelo Yvancos que de estas cosas sabe bastante. Además de otros críticos en todos los idiomas, sólo hay que buscar en internet.
 


Por cierto, se aceptan opiniones.












 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ruhe Sanft. From Mozart's 'Zaide'

      Reposa suavemente, mi dulce amor, duerme hasta que despierte tu buena fortuna.

Toma, te dejo mi retrato.
Mira con cuanta complacencia te sonríe.

Dulces sueños, acunad su descanso
y que eso que imagina en sus sueños de amor,
se convierta por fin en realidad.



Gomatz es un esclavo del sultán Solimán que cae rendido en el jardín a causa del exceso de trabajo. Zaida es una joven del serrallo que se enamora de Gomatz. Le deja su retrato mientras canta esta bellísima aria. El esclavo se enamora nada más ver el retrato.Un favorito del Sultán llamado Alacín les ayuda a escapar. Pero son traicionados y llevados delante de Solimán.

Zaida es un singspiel en dos actos  escribió  Mozart cuando tenía  veinticuatro años. Quedó inconcluso por abandono del autor.

Ahora queda a la imaginación del lector lo que sucede con estos personajes, si realmente acaban juntos o por el contrario el Sultán los encarcela o....
Hay que decir que Zaida es la favorita de Solimán.




domingo, 22 de noviembre de 2015

CAZADORES Y PRESAS


 
 
 
       Sintió unas enormes ganas de cruzar a la otra orilla y no volver jamás. El rey se dirigió a sus soldados:
       -Quemaréis mi cuerpo en una pira. La encenderéis y la empujaréis al agua con mi cuerpo yerto. Mi alma volará tras el águila de luz, y desde el otro lado, no miraré atrás. No dejaré lugar para el inútil anhelo.

El marqués cerró el libro y lo devolvió a la estantería que contenía las novelas de Historia. El anterior propietario del castillo, dejó en herencia a su hijo todas sus tierras y bienes. Los campesinos de allí decían que estaban malditos, él y la fortaleza porque esquilmaron toda vida en el bosque con cruentas cacerías.

La noche se echó encima, cubriendo su semblante, su mermada vida, hasta la bata de seda que lo vestía. Pensaba en Elsa, la  poeta que fue su esposa, amiga, confidente, amante. Una extraña locura se la llevó. Tenía raptos de llanto que alternaba con una risa maléfica que helaba los huesos. No dejaba que la lavaran, no consentía que la dieran de comer. Señalaba su cuello y decía que lo tenía lleno de sangre. Pero nadie veía nada. En una de esas fases eufóricas gritó:

-¡Ellos vendrán, ellos vendrán!

-¿Quiénes son ellos? Preguntaba asustado su esposo,  marqués de Piedras Frías.

-¡Ellos levantarán un muro entre nosotros! -Insistía Elsa con desesperación.

Creía ver su sangre derramada. Después callaba y su mirada se perdía. El mejor doctor de la comarca no sabía curarla. El marqués impotente se descomponía de dolor día tras día. Hasta que ella falleció.

“Todo fue a consecuencia de aquel día de caza -pensó- inexplicablemente se perdió en el bosque. Un lugar que ella conocía. Cuando la encontramos tenía fiebre, los ojos desorbitados y se agarraba el cuello hasta dejar la piel roja. Recitaba los versos de una canción: Hay libertad desde dentro y desde fuera…”

Volvió a sentarse en la butaca, al calor de la chimenea que tenía esculpido su escudo de armas. Cogió su copa de vino y la alzó en un brindis hacia las cabezas disecadas de jabalíes, ciervos, muflones, que colgaban de la pared.

-Vosotros habéis ganado. Os habéis vengado en ella.¡ Deberíais venir a por mí! - Gritó enfadado

Una puerta se cerró a sus espaldas. “El mayordomo” –pensó.

-Esta vez quiero que ganéis, llevadme pues. Mis amigos poetas con los que tantas veces me deleité leyendo sus versos, me pidieron que escribiera, para mitigar mi pena. 
Las bestias me acompañarán esta noche y me clavarán sus colmillos.
Pero antes os he de decir, que un aliento frío sopla en mi nuca,
quiero congelarme, es mi deseo.
Hay una complacencia en esto, una necesidad de parar la rueda.
 No más reencarnaciones.                                                                                                               
Estoy aquí, mas no os pertenezco, ni a vosotros, ni a  la vida.
 Y digo, ¡Nunca más!                                                            
 Os escribo desde el abatimiento, queridos poetas, yo os respeto y valoro, mas no pidáis, amigos
míos, que de un Sol apagado broten llamas. Todo tiene un principio y un final.

Ya noto que las dentelladas me desgarran el alma. Elsa, preciosa Elsa, derribaré el muro que tú veías. Vendrán a por mí. El frío atenaza mis piernas, me agarrota la mano. Sólo deseo descansar…
 
 

Soltó una pluma imaginaria, un papel imaginario. Reposó la cabeza en el sillón y vio como los ojos del jabalí se encendían y tomaban cuerpo las piezas de caza. Esta vez no huiría. No quiso moverse. Deseó que la primera dentellada le rompiera la yugular.