jueves, 12 de diciembre de 2013

UN SALUDO ESENCIAL

Era una de esas  tardes en las que se escapaba de si mismo,  la mirada se perdía en el horizonte. El naranja rojizo parecía no pertenecer al espacio que ocupaba.
El hombre mascullaba en sus adentros:- No pertenecer, no ser, no pensar.
El cansancio  hace mella en su alma, perseguir su alma gemela es infructuoso. Necesitaba desconectar de todo lo visible, de lo invisible también.

Cuesta abajo camina sujetándose la cabeza, esperando un saludo esencial que nunca viene. 
-¿A quién esperas testarudo?- Le preguntó la Retama. 
Y él quitándose la mano de la cara contestó:
- ¿Por qué me preguntas?  ¿ Qué te importa?

La Retama dejó caer dos hojas al suelo apenada y exhalando su aroma susurró: - Perdona, yo sólo quería saludarte.


El caminante siguió cuesta arriba, más pesado. No reparó en la Retama y dejó de pertenecer al lugar que pisaba. El naranja rojizo se tornó violeta para fusionarse con el azul oscuro como una noche sin luna. Cuando llegó a la pequeña cima y descansó un poco, sin proponérselo dejó de ensimismarse.  Al amanecer ya no rallaba su mente con búsquedas inútiles porque oteó a su alrededor y pudo comprobar multitud de cimas de todas clases. Y en ellas un caminante que había  dejado de flagelar su mente por unos instantes.

Después todo fue claridad.