lunes, 22 de febrero de 2016

CENICIENTA Y LA POESÍA.

Cenicienta:

- Y quiero evitarte, mas no puedo,
huyo de ti como de la fiebre, me persigues Poesía.
Para encubrir tu gran fuerza, tu fiereza
que me araña por dentro, recurro
a la acetil fregona
                          al salicílico suelo.


En mi interior siempre afilado
de sustancia sin nombre
de inexacta figura, tú insistente me susurras.


Poesía:

Ya sé que tienes miedo,
sí, te hablo a ti,
no mires a otro lado.
Los cristales padecen suciedad
pero...haz el favor, no te levantes,
mañana otra vez diluviará y volverás
sin ganas
a limpiarlos.
Evitas así el enfrentamiento que supone mirarte a ti misma.

¿Por qué?
Porque supiste que en esto viajas sola.
Porque averiguaste, guisante del desierto, que eres una loca,
que todo se distancia de ti
y ya no quieres continuar.


Mírame, la fuerza de la vida soy.
Parezco tan inmensa que nadie  puede abarcarme,
pero tampoco soy un monstruo tan difícil
que tú no puedas canalizarme.
Aprende las posibilidades
los resplandores de luz que se manifiestan.
Nadie escapa de mi
cuando ha sido tocado.

Olvida ya los lamentos
los quebrantos inútiles.

Los platos están sucios ¿y qué?
Ropa sin tender ¡Pues muy bien!
Mírate hembra de una vez,
no me ignores, no te ignores.

Hay más luz en tu vida
que en los contaminados actos de cotidiana sumisión.
 Es tantísima sangre la que hay en estas letras
sístoles del habla
diástoles de silencios
que están capacitadas para reinventar nuevos acentos.

Tú eliges, querida Cenicienta.