jueves, 18 de agosto de 2016

INSTALADO EN LA QUEJA

-¡Estoy harto de todo!-
-¡No me digas! no lo había notado.
Tus quejas, no son tus quejas, son las quejas de la vida.
Vienen de no se sabe dónde, se instalan en tu cabeza y aunque están contigo, no te pertenecen.

Puedes rodearlas, rumiarlas, moldearlas, pero como vinieron, así se irán, no lo dudes.

Estás paralizado, anclado en tu queja. Te da vida, levantas la voz y al cabo te deja.
Si no tienes de que quejarte te apagas cual vela.
Son los otros los causantes de tus penas.
Y mientras cargas tu impotencia y tus miedos en espaldas ajenas, reververas insultando. Nadie a ti se asemeja. Tú sabes lo correcto, no hay ser que esté en la certeza.
Si te extienden la mano, la apartas y la crees tonta, torpe o embustera.
Haces de tu vida unos nudos de pena, una fuerte enredadera que te convierte en víctima de todo, incrustado en la queja.
-¡No puedo soportarlo más!
-¡Me tienes hasta los coj...!
Cuando acaben tus días, estoy segura de que el mundo del otro lado tampoco es lo que esperas.
Así, refunfuñarás diciendo que la tierra que te cubrió no era buena, que el ataúd que te guardó era más barato que el que aseguraste en vida. 
Y allí, en una sala de espera, te quejarás del frío, o de lo que sea.
Dirás que los muertos no van de etiqueta, que tú no tuviste la culpa, que te persiguió la muerte. porque permaneciste inocente y de vida quieta.
Y será la única verdad
porque no hiciste nada
y a todos importunaste con tus quejas.
-¡Por todos los fuegos del infierno
ya se fue!
Triunfo de la muerte. Anónimo del s. XV. Palermo



Imagino el inframundo, tenue, brumoso y apagado.
Tú quejándote de que no hay luz, esperando que alguien la encienda.
Y harta de ti, la muerte, te dará la espalda. Volverás a la vida.
Y en su pacífica oscuridad, celebrarán tu partida.